KT: El Juego Se Paga
Jordi Carmona Hurtado
Eh uno a veces se encuentra en situaciones curiosas, me
refiero, las cosas pueden tratar de imaginarse pero a veces
uno nunca acaba de verlas hasta que estàn
ocurriendo. Por ejemplo, uno se encuentra en medio de un
dispositivo, una especie de dispositivo escénico, pero
que se parece tal vez más al fin y al cabo a una cosa
de circo, a un plató de televisión como se dice
más que a un decorado teatral. Y es que el mundo ya es
el decorado de un teatro, tampoco hace falta poner más
decorados por todas partes.
También al fin y al cabo es una cosa como muy de
niños, como un espectáculo hecho por niños o
para niños, algo como de colegio, de fiesta de fin de
año o algo así. Una fiesta de fin de año un
poco arty. Pero sobre todo uno tiene la sensación de que va
a quedar todo muy sucio, todo el suelo lleno de todo tipo de
cosas, todo hecho una guarrada. Hay tres proyectores, unas gradas,
unos altavoces, hay una zona fuera del dispositivo donde
también hay algo de acción, donde todo comienza y
todo acaba. Este fuera-del-dispositivo es una zona un poco neutra,
es como el camerino, todo es bastante televisivo. Es como una cosa
temática, un parque temático, pero no es el Far West
ni el castillo de Fantasía, es una especie de Disneylandia
del Capital.
Y bueno, pues eso, uno está dándole al play y al
pause y cambiando de secuencia y de repente todo está lleno
de niños. Hay tantos niños, parece que no se acaben
nunca, siempre detrás de los niños vienen otros
niños. Es increíble. En Santa Pola por ejemplo no
paran de crecer niños que lo llenan todo, y las mujeres se
pasean guardando en sus vientres otros niños. Hay buena
cosecha de niños este año creo, las cosas van viento
en popa. Los de Ludotek parece que se han dado cuenta del
fenómeno de esta fuente eterna de niños que es la
vida, y llevan adelante desde hace tiempo según parece un
trabajo con niños. Juegan con ellos, escriben sobre ellos o
con ellos, les hacen votar, los graban, bailan con ellos, los
filman, los fotografían, los reúnen, los pasan a
recoger, los invitan a merendar, todo tipo de cosas. Y luego les
pagan.
Parece que traten de convencerles de la idea de que si se lo
pasan bien, o si juegan aunque se lo pasen bien o mal, pues eso,
que va a venir alguien y les va a dar 50 euros. Me parece una
idea extraordinaria. El juego se paga, como se dice que el crimen
se paga. No sé, parece todo una especie de
experimento. Nadie sabe muy bien qué huellas de todo esto
quedan en el cerebro de los niños. Se habla mucho de
plasticidad, pero todo es muy ambiguo. Tal vez estaría
bien efectuar un seguimiento, ponerles por ejemplo un chip o
simplemente un anillo, y luego ver qué será de
ellos dentro de, no sé, quince años. Estaría
bien disponer de un buen equipo para seguir sus movimientos,
evoluciones y migraciones, tal como se hace con algunos
pájaros y con las ballenas. Los niños son el
material del arte de Ludotek, pero no sólo son el
material. Los niños cobran, trabajan. Es un extraño
material, éste, al que se paga. Normalmente se paga por el
material, pero no se paga al material.
Los niños como material imponen una serie de coacciones a
los artistas. Esto también se puede imaginar
fácilmente, pero hasta que uno no se ve con un plan u
organigrama en la cabeza y luego diez niños corriendo por
todas partes o gritando o aburriéndose no ve precisamente
de qué coacciones se trata. También se podría
llamar a los niños actores, pero el problema de llamarlos
actores es que ya son actores en el gran decorado de teatro del
mundo, y muchas veces no se les paga. Casi siempre lo hacen todo
gratis, cuando no tienen incluso que pagar por algunas cosas, por
bollos o por zapatillas. Pero es eso, que como lo que hacen
Ludotek no es teatro, pues eso, los niños no son
actores. Son más bien como concursantes, como en la
televisión, a condición de que este término,
concursante, se entienda en sentido literal. En Komando
Transparente, la acción o pieza o lo que sea que organizan
Ludotek y el colectivo C.A.S.I.T.A., hay un concurso, hay
inscripciones, controles, sorteos, como en los concursos. Pero lo
que no hay es competición. Todos ganan, ganan
diversión, ganan aburrimiento, ganan una merienda.
Pero no todo es bonito ni edificante ni nutriente. Hay muerte,
hay mucho tiempo muerto, hay desorden. Faltan también
muchas otras cosas de los concursos. Los niños concursan,
son concursantes, pero no se sabe muy bien de qué. Nadie
lo sabe muy bien. Hay un plan, los de Ludotek y los de
C.A.S.I.T.A. tienen un plan, cada uno tiene su papel en el
plan. Luego los papeles se cruzan, algunos se cambian, otros
desaparecen, otros se superponen a otros. Hay música, hay
fuegos artificiales.
Porque el concurso o el espectáculo de circo también es una
historia. Es un poco la historia del Capital en el siglo XX
explicada a los niños, en una sucesión de
acciones. Hay bastantes payasos, los payasos periodistas (el
Telekomando), el payaso dinero (Dinejeto), los payasos
simbólicos (Tiempo y Dinero), los Polemistas, vaya unos
cuantos. Hay mucha alegoría, pero bastante loca por suerte.
No tienen porqué ser graciosos todos estos payasos. Son
payasos en cuanto a actores de circo o de televisión, del
mismo modo en que se dice que el presentador del telediario es un
payaso, o que el león del domador también es un
payaso. La historia es la del dinero, y aunque hay un personaje que
hace de dinero, y nace y muere y resucita y todo eso, lo interesante
es que se muestra muy bien que sobre todo lo del dinero es una
cuestión de circulación. El dinero no está
localizado, es un personaje pero también son bolas que caen
del ojo de Beckett proyectado en una pantalla. El dinero toma
diversas formas, y pasa por todo tipo de sitios. El dinero sale del
ojo, pero también del váter, el dinero se caga y se
eructa o se vomita, se come, se hacen zumos de dinero. El dinero se
promete en loterías. Y el dinero es billetes, de distinto
color, pero también son monedas, es oro grande u oro
pequeño, y también es armas. El dinero es un poco
todo, y un poco nada, de eso se trata. Un poco de descanso respecto
del dinero, un poco de distancia, de libertad. Demasiado dinero,
demasiada circulación, todo el mundo acaba un poco harto.
Todo en la pieza pasa muy rápido. Apenas nadie llega a
comprender nada, no hay tiempo, hay mucho que hacer. Los
niños se inscriben, se ponen el uniforme de komando,
esperan, ayudan a nacer al dinero, aprenden pequeños
mecanismos de acción-reacción en relación
con el trabajo y con el dinero. Pero cuando uno se quiere dar
cuenta, ya están en otras cosas. Imáginate que
tienes 7 años y que te sellan el brazo, luego te pasan un
escáner láser por todo el cuerpo, luego te ves
comiendo un gran billete de oblea y cae dinero por todas partes,
luego participas en un concurso amañado con azafatas que
quieren que las sobornes, luego te ves con un revólver en
la mano en medio de una instrucción militar, luego hay
prácticas de tiro y alguien mata a alguien y empieza a
haber mal ambiente, luego se empieza a comentar todo lo sucedido,
luego se saca un dispositivo en miniatura con muñecos de
cada actor, se apagan los fuegos artificiales y se comenta un
poco lo que ha pasado, luego se rompen los relojes con un
martillo poniéndoles una moneda encima. Es bastante fuerte
todo eso. Imáginate que tienes 7 años y un
miércoles por la tarde haces todo eso, de eso trata un
poco Komando Transparente.
Pero que todo pase tan rápido y nadie llegue a comprender
nada, no es un defecto sino tal vez una virtud. No es muy
diferente a la vida cotidiana en todo caso. Lo mejor del Komando
Transparente es que no se ha caído en una cosa
pedagógica. Es horrible, toda esa nueva ola de
pedagogía que hay por ahí. Los niños ya
saben. Son como pequeñas bestias, saben muchas cosas, se
las arreglan en este desastre, no necesitan que nadie les
dé lecciones sobre el dinero o el trabajo. Lo que
necesitan, o al menos lo que aceptan, es verse rodeados de
dinero, es despreciar el dinero, verse rodeados de caos y
diversión y aburrimiento. Se trata de enseñar la
libertad, un poco de libertad respecto de algunas cosas
oprimentes o agotadoras. No educación para la
ciudadanía, sino educación para la
libertad. Libertad es una extraña palabra, un poco pasada
de moda, un poco podrida gracias a algunos, pero sabemos lo que
queremos decir con ella. Sabemos lo que quiere decir dar
martillazos a un reloj con una moneda encima. Es política,
es educación, todo eso que viene de la Revolución
Estética.
Entonces lo que hay en KT es una serie de experiencias, una
sucesión de shocks, difícil de articular. Tal vez los
niños no hayan aprendido que otro mundo es posible, pero tal
vez sí hayan sentido algo mucho más importante: que
algo de juego se puede infiltrar en cada espacio de trabajo, en cada
espacio en que se cambia tiempo por dinero. Hay siempre un punto,
una falla o una grieta en cada tiempo/trabajo por el que se desliza
el juego. Sólo hay que identificarlo. Es como aprender un
don, un talento, más que un programa político. Una
fábrica de jugadores. El KT abunda en imprecisiones e
inexactitudes. Eso es el juego, imprecisiones e inexactitudes, que
se quieren, que tienen espíritu, gracia. No se trata de
enseñar nada, sino de mostrar, de hacer ver. El orden es lo de
menos.
El hombre sólo es hombre cuando juega, y sólo juega
cuando es hombre, todo eso de Schiller. Pero el hombre no es
adulto, el adulto no puede entrar a KT, el hombre es el
niño. En KT se creó algo así como un espacio
de excepción, un sitio en que el dinero, el trabajo, el
juego, no se daban en sus relaciones habituales. El dinero no se
persigue, sino que es el dinero el que le persigue a uno. Todo
así. Nada se daba en sus relaciones habituales, sino en un
espacio de excepción, en un espacio estético, un
espacio loco, desquiciado, por tanto. Los adultos se quedan
fuera, ya no hay gran esperanza en ellos. Se acabó un poco
todo el tema de la emancipación por la madurez, tal vez. Y
tal vez, el programa que se vislumbra en KT sea precisamente el
de una emancipación de la madurez. Hay que reaprendrer a
no hablar, dice KT. Articular ese espacio de excepción
estético con ciertas tendencias de esas pequeñas
bestias que juegan y siempre están por ahí y con
los que no se sabe muy bien qué hacer, de eso
también trataba KT. Pero esta estetización de las
relaciones no conduce a la contemplación de una
armonía teórica, sino a la participación en
una serie discontínua de experiencias.
No hay público tampoco en KT. Hay algunos mirones, un poco
escondidos. Qué graciosos los niños, qué
locos los artistas, todo eso. Prohibido a mayores de 12
años. Algo para los adultos se inscribió en la
superficie del film. Algo para los niños se
inscribió tal vez en la superficie del cerebro. Ya
veremos.